Grados de pérdida auditiva: leve, moderada, severa y profunda
¿Qué significa de verdad «pérdida moderada»? Los grados explicados en decibelios, qué implica cada uno en el día a día y cómo leer tu audiograma.

"Tengo pérdida moderada", ¿y eso qué significa?
Sales de la consulta con un papel lleno de líneas, símbolos y números, y una palabra: leve, moderada, severa o profunda. Sabes que es tu grado de pérdida auditiva, pero no qué implica en tu día a día ni por qué te recomiendan una solución y no otra.
Este artículo va justo de eso: entender los grados de verdad y aprender a leer tu audiograma. Si lo que buscas es una visión general de qué es la pérdida auditiva y sus tipos, empieza por Qué es la pérdida de audición: tipos, grados y causas; aquí bajamos al detalle.
Cómo se mide: el decibelio
El grado se establece según la intensidad mínima a la que empiezas a detectar un sonido, medida en decibelios (dB HL). Cuanto más alto es ese número, más fuerte tiene que sonar algo para que lo oigas, y por tanto mayor es la pérdida.
Un apunte que confunde a mucha gente: la escala de decibelios no es lineal, es logarítmica. Pasar de 30 a 60 dB no es "el doble de pérdida", es muchísimo más. Por eso saltos que parecen pequeños en el papel suponen cambios enormes en la vida real.
Los grados, uno a uno
Audición normal (hasta 20 dB). Oyes desde un susurro hasta una conversación tranquila sin esfuerzo.
Pérdida leve (20-40 dB). Oyes bien en silencio, pero te pierdes en ambientes ruidosos, en grupo o cuando alguien habla bajo o de espaldas. Es la fase de "yo oigo perfectamente, es que la gente no vocaliza". Muchas personas tardan años en consultar precisamente porque se defienden bien uno a uno.
Pérdida moderada (40-70 dB). Ya cuesta seguir una conversación normal aunque estéis en silencio. Subes la tele por encima de lo que soporta el resto de la casa y pides que te repitan a menudo. Aquí los audífonos suelen aportar un salto de calidad de vida muy grande.
Pérdida severa (70-90 dB). Sin ayuda auditiva se comprende muy poco del habla; oyes que alguien habla pero no distingues las palabras. Hacen falta audífonos potentes y, si la comprensión sigue siendo baja, se empieza a valorar el implante coclear.
Pérdida profunda (más de 90 dB). Incluso con audífonos de superpotencia la comprensión puede ser insuficiente. Es el terreno donde el implante coclear cambia las reglas del juego.
Qué tipo de audífono corresponde a cada grado lo detallo en Audífonos según el grado de pérdida.
Hipoacusia leve: qué significa y qué hacer
Es el grado más frecuente y el que más dudas genera, porque desde dentro no se vive como un problema de audición. Si acaban de decirte que tienes una hipoacusia leve, esto es lo que hay detrás de la etiqueta.
Qué se oye y qué no
Con una pérdida leve, de 20 a 40 dB, la conversación tranquila cara a cara funciona. Lo que se pierde son los sonidos flojos y agudos: el susurro, la s y la f que distinguen «casa» de «caza» o «foca» de «boca», el goteo de un grifo, el pájaro de fondo. En silencio te defiendes bien. En un bar, en una reunión o con la tele puesta empiezas a reconstruir por contexto sin darte cuenta, y eso cansa.
Sobre los números, un aviso: vas a encontrar rangos distintos según dónde mires. Aquí uso de 20 a 40 dB, que es lo habitual en la práctica clínica española, mientras que la Organización Mundial de la Salud sitúa la audición normal hasta 20 dB y considera discapacitante la pérdida superior a 35 dB en el mejor oído. No es una contradicción, son escalas pensadas para usos distintos. Lo que importa no es en qué casilla caes, sino cuánto te limita.
¿Hace falta audífono con una hipoacusia leve?
No existe un número de decibelios a partir del cual toque audífono automáticamente. La decisión se apoya en dos datos y una pregunta. Los dos datos son la audiometría tonal, que dice cuánto oyes, y la audiometría verbal, que dice cuánto entiendes y es la que de verdad predice tu día a día. La pregunta es más simple: ¿te está limitando? Si evitas planes en grupo, si terminas el día agotado de tanto esforzarte por seguir conversaciones o si en el trabajo se te escapan cosas, eso pesa más que la cifra del papel.
Lo que sí conviene saber es que esperar no es neutro. El oído no se estropea más por no llevar audífono, pero el cerebro se desacostumbra a procesar lo que hace tiempo que no le llega con claridad, y cuanto más tiempo pasa, más cuesta después recuperar comprensión. No es un argumento para comprar nada con prisa: es un argumento para no dejar pasar años sin volver a medir.
¿Va a ir a peor?
Depende de la causa, no del grado. Por edad avanza despacio, a lo largo de años. Por ruido, el daño hecho no se recupera pero la progresión se frena en cuanto se protege la exposición. Si es genética o de causa desconocida, varía mucho y necesita seguimiento. Lo desarrollo por causas en hipoacusia neurosensorial, que es como de verdad se responde a esta pregunta.
¿Una hipoacusia leve da discapacidad?
En la mayoría de los casos, no. Los baremos de valoración parten de pérdidas bastante mayores y combinan los dos oídos, así que una pérdida leve rara vez alcanza el umbral. Recuerda además lo que se explica más abajo: el porcentaje de pérdida de esas valoraciones administrativas no coincide con el grado clínico. Si tu situación cambia o la pérdida es muy asimétrica, lo razonable es preguntar en los servicios sociales de tu comunidad, que son quienes aplican el baremo.
Lo que sí puedes hacer desde ya
- Protege lo que te queda. Tapones en conciertos y en entornos ruidosos, y volumen moderado con auriculares. Es la única parte de la pérdida que está en tu mano evitar, y la explico en pérdida auditiva por ruido.
- Vuelve a medir. Una audiometría al año, o antes si notas cambios, te da una línea de evolución en lugar de una foto suelta.
- Entrena la escucha en ruido. Es justo donde falla una pérdida leve, y se puede trabajar: en entrena tienes ejercicios de discriminación con ruido de fondo, gratis y sin instalar nada.
- Ajusta el entorno. Pedir que te miren a la cara al hablar, sentarte de espaldas a la pared en un restaurante o bajar la música de fondo en casa cuesta nada y devuelve mucho.
Una hipoacusia leve no obliga a hacer nada urgente, pero es el mejor momento para empezar: es cuando el cerebro conserva intacta la capacidad de aprovechar cualquier ayuda que le des.
Cómo leer tu audiograma
El audiograma es la gráfica donde se dibuja tu audición. Se lee así:
El eje horizontal son las frecuencias, de graves a agudas (de 125 a 8000 Hz). A la izquierda los sonidos graves, a la derecha los agudos.
El eje vertical es la intensidad en decibelios, y aquí está el truco: va de arriba abajo, con 0 dB arriba. Cuanto más abajo esté tu línea, peor oyes.
Los símbolos distinguen cada oído: normalmente un círculo (O) en azul para el oído derecho y una equis (X) en rojo para el izquierdo.
Un patrón muy frecuente es la curva que baja hacia la derecha: audición aceptable en graves y caída en agudos. Eso es lo típico de la presbiacusia o del daño por ruido, y explica el famoso "oigo pero no entiendo": las consonantes que dan claridad al habla son agudas. Lo desarrollo en «Oigo pero no entiendo» y en Presbiacusia.
Oír no es entender: el grado no lo dice todo
Aquí va el matiz más importante del artículo. Dos personas con el mismo grado en el papel pueden funcionar de forma muy distinta.
El audiograma tonal mide cuánto oyes (a qué volumen detectas un pitido). Pero no mide cuánto entiendes. Para eso está la audiometría verbal, que evalúa qué porcentaje de palabras eres capaz de reconocer. Y es esa segunda prueba la que de verdad predice cómo te vas a manejar en una conversación, y la que pesa cuando se valora un implante coclear. Lo explico en La audiometría verbal.
Por eso desconfía de reducir tu situación a una etiqueta. El grado orienta; la comprensión decide.
Dos dudas frecuentes
¿Y si cada oído tiene un grado distinto? Es habitual. Se habla entonces de pérdida asimétrica, y se valora cada oído por separado. Si un oído está bien y el otro no, tiene su propio abordaje: Pérdida de audición en un solo oído.
¿El "porcentaje de pérdida" es lo mismo que el grado? No. El porcentaje se usa sobre todo en valoraciones administrativas y de discapacidad, con fórmulas que combinan ambos oídos y varias frecuencias. No coincide con el grado clínico ni con tu experiencia real de escucha.
En resumen
Los grados van de leve (20-40 dB) a profunda (más de 90 dB), y marcan qué solución tiene sentido: audífonos en la mayoría de casos, implante coclear cuando amplificar ya no basta. Tu audiograma se lee de arriba abajo, y cuanto más baja la curva, peor la audición; la caída hacia la derecha explica que oigas pero no entiendas. Pero recuerda que el grado no lo es todo: lo que mejor predice tu día a día es cuánto comprendes, no cuántos decibelios detectas.
Y sea cual sea el grado, el aparato es solo la mitad del camino: la otra mitad es entrenar la escucha, como cuento en Cómo mejorar la pérdida de audición.
Y si quieres saber qué sonidos concretos te quedan fuera de la curva, hay un dibujo que lo resuelve: la banana del habla coloca cada fonema sobre el audiograma, así que puedes ponerla al lado del tuyo y comparar.
Una actualización de septiembre de 2026, por si te cruzas con números distintos a los de aquí: el BIAP, el organismo europeo de referencia, ha retirado su clasificación de 1997 y ha adoptado una escala de siete grados alineada con la OMS. En consulta te van a seguir diciendo «moderada», pero si quieres saber qué ha cambiado y por qué, lo cuento en la nueva clasificación del BIAP.
Este artículo es información general y no sustituye la valoración de un otorrino o audiólogo.
Pasar a la práctica
Si este artículo te ha servido, el siguiente paso es entrenar con algo concreto.
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