«No pasó la prueba de audición»: qué significa y qué pasa ahora
No pasar la primera prueba de audición no es un diagnóstico. Qué mide realmente esa prueba, por qué un bebé que oye bien puede no pasarla, qué pasa ahora y en qué plazos — y qué cambia si estás en Chile o en México.

Si has llegado aquí de madrugada con el móvil en la mano y un bebé de tres días al lado, esto es lo primero que necesitas leer y no te lo voy a hacer esperar cinco párrafos:
No pasar la primera prueba de audición no es un diagnóstico, y en la mayoría de los casos el bebé oye bien. Esa prueba está diseñada a propósito para equivocarse en esta dirección: prefiere mandar a repetir a muchos bebés sanos antes que dejar pasar a uno con hipoacusia. Que te manden a repetirla significa que el sistema está funcionando, no que haya pasado algo malo.
Dicho eso, tampoco te voy a decir que no es nada, porque a veces sí hay algo, y de eso también hablo aquí. Escribo desde un sitio raro para este tema: no soy padre de un niño sordo ni soy profesional. Soy sordo. Soy, si quieres, el adulto en el que se puede convertir ese bebé — y esa parte, la de qué vida hay al otro lado, también la cuento al final.
Qué es exactamente esa prueba
Se llama cribado auditivo neonatal, o tamizaje o screening según el país, y se hace en los primeros días de vida, muchas veces antes de salir del hospital. Hay dos técnicas y puede que te suene alguna de las dos:
- Otoemisiones acústicas (OEA). Se pone un auricular de espuma blandito en el oído y se mide el eco que devuelve la cóclea cuando funciona bien. Es la más extendida.
- Potenciales evocados auditivos de tronco cerebral automatizados (PEATC-A o PEAT). Unos electrodos en la piel miden si la señal llega desde el oído hasta el tronco cerebral. Detecta cosas que las otoemisiones no ven.
Las dos se hacen con el bebé dormido o tranquilo, duran unos minutos y no duelen. El bebé no tiene que responder a nada: la máquina mide sola.
Por qué un bebé que oye perfectamente puede no pasarla
Porque la prueba mide un eco muy pequeño, y cualquier cosa que se interponga lo tapa. El folleto oficial del Ministerio de Sanidad lo dice con esta naturalidad: cera, mocos, conducto auditivo estrecho. A eso se suma el resto de sospechosos habituales: restos de líquido en el oído medio de los primeros días, ruido en la sala, un bebé que se mueve o llora, un sensor mal colocado.
Los números lo confirman. El estándar de calidad internacional considera que un buen programa deriva a diagnóstico a menos del 4% de los bebés, y aun así la hipoacusia congénita aparece en 1 a 3 de cada 1.000 recién nacidos. Entre «no pasó» y «tiene hipoacusia» hay muchísimo espacio.
Un ejemplo con datos reales: en un programa español que siguió a más de 10.000 recién nacidos durante diez años, 70 bebés necesitaron repetir la prueba y 13 acabaron con una hipoacusia confirmada. Es decir: de cada cinco familias que pasaron por el susto que estás pasando tú, cuatro se fueron a casa con la audición de su hijo normal.
Qué pasa ahora, paso a paso
- Se repite la prueba, normalmente unas dos semanas después. Muchos bebés la pasan sin más en esta segunda vuelta, porque para entonces ya no hay líquido ni restos en el oído.
- Si tampoco la pasa, se deriva a otorrinolaringología y se hace una prueba diagnóstica de verdad, que ya no es un cribado: PEATC con distintos estímulos, impedanciometría para ver el oído medio, y a veces potenciales de estado estable o estudio genético.
- Si hay hipoacusia, se pone tratamiento y seguimiento, que según el caso puede ser tratar un problema del oído medio, adaptar audífonos o valorar un implante más adelante.
Y aquí va el dato que más te conviene tener en la cabeza para las citas, porque es el que marca los plazos. Se le llama la regla 1-3-6 y la fija la CODEPEH, la comisión española para la detección precoz de la hipoacusia, tal y como recoge el programa que acabo de citar: cribado antes del mes de vida, diagnóstico confirmado antes de los tres meses y tratamiento empezado antes de los seis. No es una orientación vaga: es el objetivo del programa. Si te dan una cita que se sale de ahí, puedes preguntar por qué y pedir que conste.
Si estás en Chile o en México, esto te interesa más todavía
Casi todo lo que se lee sobre este tema en español da por hecho que a tu bebé le han hecho la prueba. Y eso depende mucho de dónde hayas parido.
- En Chile, lo que garantiza el GES es la hipoacusia del prematuro: el programa cubre a los nacidos con menos de 32 semanas o menos de 1.500 gramos. El tamizaje universal, el que se hace a todos, depende del hospital: un estudio de 2018 lo encontró en 34 hospitales, la mitad de los que tienen maternidad, y concentrados sobre todo en la zona central.
- En México, la reforma del artículo 61 de la Ley General de Salud publicada en enero de 2013 incluye el tamiz auditivo al prematuro. Varios estados han ido más allá por su cuenta, así que conviene mirar también la norma de tu estado.
Y ahora el dato por el que he escrito este apartado: la mitad de los niños con hipoacusia no tiene ningún factor de riesgo. No fueron prematuros, no estuvieron en la UCI, no hubo infección ni antecedentes en la familia. Nacieron a término y sanos. Un programa que solo mira a los prematuros se deja fuera, por diseño, a la mitad de los casos que busca.
Traducido a algo que puedas hacer mañana: si tu bebé nació a término y sin complicaciones, y por eso nadie le hizo la prueba, pídela igualmente. No hace falta que haya ningún motivo de sospecha.
Qué no hacer mientras esperas la segunda cita
No hagas la prueba del portazo. Es el impulso natural —dar una palmada fuerte detrás del bebé a ver si se sobresalta— y no sirve para nada, en ninguna de las dos direcciones. Que se sobresalte no descarta una hipoacusia, porque un ruido fuerte se nota también por vibración y porque muchas pérdidas dejan oír los graves potentes y se comen justo los sonidos flojos y agudos del habla. Y que no se sobresalte puede querer decir solo que estaba profundamente dormido.
Lo que sí sirve es apuntar cosas: si se calma con tu voz, si busca de dónde viene un sonido, si le despiertan los ruidos de casa. Llévalo apuntado a la cita. Y háblale mucho, que es lo que ibas a hacer de todas formas y es lo mejor que puedes hacer ahora, pase lo que pase en la prueba.
Y si al final resulta que sí
Entonces empieza otra cosa, y no te la voy a endulzar: hay citas, hay aparatos, hay decisiones que tendrás que tomar sin sentirte preparado y hay gente que te dará opiniones muy firmes sobre tu hijo sin que se las hayas pedido.
Pero esto también es verdad. Yo soy sordo. Uso dos implantes y lengua de signos, hablo, trabajo, tengo amigos y discuto por tonterías como todo el mundo. La sordera me ha complicado cosas y me ha quitado otras, y no voy a fingir lo contrario. Lo que no ha hecho nunca es cerrarme la vida. Si esta madrugada lo que te da miedo es imaginar el futuro de tu hijo, te lo digo desde dentro: ese futuro existe y es un futuro normal.
Cuando llegue el momento de las decisiones, aquí tienes tres cosas escritas sin vender nada: qué es la terapia auditivo-verbal y qué sostiene de verdad la evidencia, por qué conviene mirar el oído cuando el habla no sale bien, y el test de Ling, una comprobación casera de un minuto que te será útil cuando tu hijo ya lleve audífonos o implante.
Ese último lo tienes también en hoja imprimible: dos páginas con los seis sonidos, su franja de frecuencia y un registro de dos semanas. Para la nevera o para llevarla a la consulta.
En resumen
No pasar el cribado no es un diagnóstico, y cuatro de cada cinco familias que pasan por esto acaban con la audición de su hijo normal. Lo que sí hay que hacer es no soltar el hilo: repetir la prueba, llegar al diagnóstico antes de los tres meses y empezar el tratamiento antes de los seis si hace falta. Y si naciste en un sitio donde la prueba no se la hacen a todos, pídela: la mitad de los niños con hipoacusia no tenían ningún motivo para sospechar.
Este artículo es información general y no sustituye la valoración de tu pediatra ni del equipo de otorrinolaringología. Los programas y las coberturas cambian con el tiempo y varían entre países y regiones: comprueba siempre lo que aplica en el tuyo.
Referencias
- Díez González, L., San Román Carbajo, J. y Bartolomé Pascual, M. V. (2015). Detección precoz de la hipoacusia en el área de salud del Bierzo. Auditio, 4(2), 53-61.
- Sedano, C., San Martín, A. y Rahal, M. (2018). Realidad nacional de los programas de detección auditiva temprana con miras a la cobertura universal. Revista de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, 78(1).
- Instituto Nacional de Gestión Sanitaria, Ministerio de Sanidad (2021). Cribado auditivo neonatal (2ª ed.).
- Decreto por el que se reforma el artículo 61 de la Ley General de Salud. Diario Oficial de la Federación, México, 25 de enero de 2013.
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