Sonidos que molestan con audífonos o implante coclear: qué es normal y qué no

Que los ruidos molesten al estrenar audífonos o implante es lo habitual, pero no siempre es adaptación. Cómo distinguirla del reclutamiento, la hiperacusia o un aparato demasiado alto, y qué hacer en cada caso.

Hombre sentado en un restaurante con un gesto de leve molestia mientras un camarero apila platos detrás de él

Los primeros meses con mis implantes había sonidos que no soportaba: las bandadas de cotorras del parque y los golpes de platos y vasos de algunos camareros. Lo conté en cómo se escucha con un implante coclear. Lo que no conté allí es la pregunta que viene justo detrás: ¿es normal que me molesten tanto los ruidos, o me pasa algo?

La respuesta depende de qué tipo de molestia sea. «Me molestan los ruidos» puede ser cuatro cosas distintas, y cada una se resuelve de una forma. Llevé audífonos media vida, mientras mi pérdida avanzaba hasta la cofosis, y ahora llevo dos implantes, así que he pasado por las dos versiones del problema.

La respuesta corta

  • Que algunos sonidos molesten en las primeras semanas con audífonos, o después del encendido del implante, es lo habitual: el cerebro recibe sonidos que llevaba años sin oír y todavía no sabe filtrarlos.
  • Si te molestan los sonidos fuertes pero no los normales, suele ser reclutamiento, algo propio de la pérdida neurosensorial que el ajuste del aparato puede compensar.
  • Si te molestan sonidos cotidianos a volumen normal, y no mejora con las semanas, puede ser hiperacusia, y conviene consultarlo.
  • Si un sonido duele, no es adaptación: es motivo para volver a consulta cuanto antes.
  • Taparte los oídos o bajar el aparato cada vez que algo molesta alivia hoy, pero puede empeorar la tolerancia mañana.

Cuatro cosas distintas que se parecen

1. El cerebro todavía no sabe qué ignorar

Una persona oyente lleva toda la vida oyendo la nevera, el tráfico o el roce de la ropa, y su cerebro ha aprendido a no hacerles caso. Cuando llevas años sin oír esas frecuencias y el aparato te las devuelve de golpe, ese filtro todavía no existe. No es que suenen más fuerte de lo que deberían: es que todo llega con la misma prioridad.

Es lo que más se parece a lo que me pasó con los pájaros. No sonaban a un volumen excesivo, pero eran agudos, muchos y a la vez, y mi cerebro no sabía dejarlos en segundo plano. Con el tiempo aprendió.

La investigación lo describe con cautela. En un estudio con personas que estrenaban audífonos, las que mejoraron su comprensión en ruido durante el primer mes fueron también las que notaban menos distracción por los sonidos de fondo; los autores lo interpretan como un aprendizaje para «desconectar» los sonidos nuevos que no interesan [1]. Es una mejora real, pero se vio en un grupo pequeño, el de quienes llevaban el audífono al menos seis horas al día, no en todos.

Cómo reconocerlo: molesta sobre todo lo nuevo o lo que no sabes identificar, va a menos con las semanas y cansa más de lo que duele. Ese cansancio tiene nombre y estrategias propias: fatiga auditiva.

2. Reclutamiento: los sonidos fuertes se disparan

En la pérdida auditiva neurosensorial es frecuente un fenómeno llamado reclutamiento: la sensación de intensidad crece mucho más deprisa de lo normal, sobre todo en los sonidos fuertes [2]. El resultado es un margen muy estrecho entre «no lo oigo» y «me molesta». Alguien te habla bajo y no lo captas; levanta la voz y te parece que te grita.

Por eso los audífonos actuales no amplifican todo por igual: suben mucho los sonidos débiles, poco los fuertes, y tienen un techo de salida que no deberían superar. Si con el audífono puesto los sonidos fuertes te taladran, lo primero que hay que revisar es ese ajuste, no tu paciencia. Si no sabes si tu pérdida es de este tipo, lo explico en hipoacusia neurosensorial.

3. Hiperacusia: lo normal se vuelve insoportable

La hiperacusia es una tolerancia reducida a los sonidos ambientales normales [3]. No a los fuertes: a los normales. Una puerta que se cierra, los cubiertos o el agua del grifo resultan molestos o incluso dolorosos para quien la tiene, aunque para los demás suenen a un volumen corriente.

Los investigadores distinguen varias formas de vivirla: hay quien percibe los sonidos demasiado fuertes, a quien le producen sobre todo fastidio, quien llega a temerlos y los evita, y quien siente dolor [4]. Muchas veces aparece junto a los acúfenos.

Puede darse con pérdida auditiva o sin ella, y tiene una diferencia importante con los dos casos anteriores: no se pasa sola con el uso del aparato y el tiempo. Suele necesitar un tratamiento propio, con un profesional que tenga experiencia en acúfenos e hiperacusia.

Hay un pariente cercano que conviene no confundir: la misofonía, una reacción intensa de rechazo o enfado ante sonidos concretos, como masticar o teclear, sea cual sea su volumen.

4. El aparato está demasiado alto

A veces no es el oído ni el cerebro: es la programación. En un implante coclear, el audiólogo fija para cada electrodo un nivel mínimo, con el que empiezas a percibir sonido, y un nivel máximo de confort, el más intenso que puedes recibir sin que resulte desagradable [5]. Si ese máximo queda alto en algunos electrodos, ciertos sonidos llegarán siempre con un pico molesto, por mucho que te acostumbres.

Con los audífonos ocurre lo mismo con el techo de salida del que hablaba antes. Y en los dos casos hay un detalle: los ajustes se hacen en una consulta silenciosa, y lo que molesta aparece en un bar, en la calle o en tu cocina. Que haga falta más de una visita es lo normal.

Cómo reconocerlo: molesta siempre el mismo tipo de sonido, por ejemplo los agudos metálicos, y sigue igual después de semanas de uso constante.

Cómo distinguirlo de un vistazo

  • Molesta lo nuevo, cansa más que duele y mejora con las semanas: adaptación.
  • Lo débil no lo oyes y lo fuerte te sobresalta, con muy poco margen entre las dos cosas: reclutamiento. Pide que revisen cómo comprime tu audífono.
  • Te molestan sonidos cotidianos a volumen normal, también sin el aparato puesto si te queda algo de audición: posible hiperacusia. Consulta.
  • Siempre el mismo tipo de sonido, igual de molesto mes tras mes: ajuste del aparato.
  • Hay dolor: consulta, sea cual sea la causa.

Qué hacer mientras tanto

No te aísles del sonido

La tentación es evidente: bajar el volumen, quitarte el procesador o ponerte tapones cada vez que algo molesta. De vez en cuando, en un sitio de verdad ruidoso, es razonable. Como costumbre, es contraproducente. En un experimento clásico, personas que llevaron tapones en los dos oídos durante dos semanas juzgaban después los mismos sonidos más fuertes que antes [6]. El sistema auditivo sube su sensibilidad cuando recibe poco sonido y la baja cuando lo recibe de forma constante.

Traducido: protegerte de todo hace que todo moleste más. Lo que funciona es la exposición gradual. Lleva el aparato todas las horas que puedas en casa, donde controlas el ambiente, y ve sumando sitios más ruidosos poco a poco.

Yo no tuve mucha elección con los pájaros: o me acostumbraba o apagaba los procesadores, y apagarlos era volver al silencio. Me acostumbré.

Dosifica, pero no huyas

No es lo mismo dosificar que evitar. Alternar ratos de sonido con ratos de silencio elegidos es una buena forma de llevar el cansancio de las primeras semanas. Lo que no conviene es que el miedo a un sonido decida a qué sitios vas. Cuando una molestia empieza a cambiarte la vida, cuando dejas de ir a restaurantes, a comidas familiares o a la calle a ciertas horas, ya no es algo que debas resolver solo.

Lleva a consulta algo concreto

«Me molestan los ruidos» no le dice a tu audiólogo qué tocar. Funciona mucho mejor apuntar durante una o dos semanas qué sonido era, dónde estabas, si molestó o dolió, y si te pasa también sin el aparato. «En el restaurante, los cubiertos y los vasos me resultan insoportables; la voz de mi pareja, no» es una descripción con la que se puede trabajar. Lo cuento con más detalle en no me acostumbro a los audífonos, y sirve igual para el implante.

Entrena la identificación

Un sonido que reconoces molesta menos que uno que no sabes qué es: deja de ser una alarma y pasa a ser «los platos» o «la cafetera». Por eso ayuda practicar la identificación de sonidos con la respuesta delante, que es lo que propongo en entrenar el oído con sonidos cotidianos. Y si quieres hacerlo con audio real, en entrena.rehabauditiva.com tienes lecciones cortas de escucha, gratis y sin necesidad de registrarte.

¿Y si tengo hiperacusia y me voy a implantar?

Si ya tienes hiperacusia y te estás planteando un implante, es lógico temer que empeore. Los datos que hay apuntan más bien en la otra dirección, aunque son pocos. En un estudio de un hospital de Gran Canaria con 17 pacientes que tenían acúfenos e hiperacusia, antes de la cirugía la mayoría tenía una intolerancia al sonido grave o muy grave; a los cinco años, todos estaban en un grado leve o moderado [7].

Es un resultado esperanzador, pero de un grupo pequeño y sin grupo de comparación, así que no permite prometerle nada a nadie. Coméntalo con tu equipo de implantes antes de la cirugía: es información que necesitan para programarte bien.

Cuándo consultar sin esperar

  • Si un sonido te produce dolor, no solo molestia.
  • Si la intolerancia al sonido aparece de repente, sobre todo junto con pérdida de audición, un acúfeno nuevo o vértigo. Una pérdida de audición repentina es una urgencia: te explico qué hacer en pérdida de audición súbita.
  • Si afecta a un solo oído sin motivo aparente.
  • Si después de varias semanas de uso constante no mejora nada.
  • Si estás dejando de ir a sitios por miedo a los ruidos.

Según el caso, el profesional será tu audiólogo o audioprotesista, tu otorrino o tu logopeda (fonoaudiólogo en buena parte de Latinoamérica). Para la hiperacusia, mejor alguien con experiencia en acúfenos.

En resumen

Que los ruidos molesten al estrenar audífonos o implante es lo esperable, y casi siempre mejora con uso constante y con tiempo. Lo que no conviene es meter cualquier molestia en el mismo saco: el reclutamiento y un ajuste pasado se corrigen en consulta, y la hiperacusia necesita su propio tratamiento. En todos los casos, aislarte del sonido es la solución que peor envejece.

Si estás en las primeras semanas tras el encendido, lo que suele pasar mes a mes está en qué esperar en los primeros 6 meses con implante coclear.

Este artículo cuenta mi experiencia y lo que dicen los estudios. No sustituye la valoración de un profesional de la audición: si tienes dolor, mareos o una pérdida repentina, consulta cuanto antes.

Referencias

[1] Dawes P, Munro KJ. Auditory distraction and acclimatization to hearing aids. Ear and Hearing, 2016.

[2] Hamiter M. Hipoacusia. Manual MSD, versión para profesionales.

[3] Clínica Universidad de Navarra. Hiperacusia. Diccionario médico.

[4] Tyler RS, et al. A review of hyperacusis and future directions: Part I. Definitions and manifestations. American Journal of Audiology, 2014;23(4):402-419.

[5] Asociación Colombiana de Otorrinolaringología. Programación del implante coclear: objetivo y estrategias de codificación, creación del mapa. Acta de Otorrinolaringología & Cirugía de Cabeza y Cuello, vol. 28, n.º 2.

[6] Formby C, Sherlock LP, Gold SL. Adaptive plasticity of loudness induced by chronic attenuation and enhancement of the acoustic background. Journal of the Acoustical Society of America, 2003. Resumido en esta revisión.

[7] Equipo del Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno Infantil de Gran Canaria. Estudio sobre acúfenos e hiperacusia tras implante coclear, 17 pacientes seguidos cinco años. PubMed Central.

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