Guía del implante coclear

Qué es un implante coclear y cómo funciona

Un implante coclear no amplifica el sonido: lo convierte en impulsos eléctricos que van directos al nervio auditivo. Qué partes tiene, qué hace cada una y por qué al principio suena tan raro, contado por un usuario de implante en los dos oídos.

Qué es un implante coclear

Un implante coclear es un aparato electrónico que da sensación de sonido a personas con una pérdida auditiva severa o profunda, de esas en las que un audífono ya no consigue que se entienda el habla. Tiene dos partes: una externa, el procesador, que se lleva puesto y se quita, y una interna, que se coloca con una operación debajo de la piel, detrás de la oreja, con un hilo de electrodos que entra en la cóclea.

La diferencia con un audífono es de fondo, no de potencia. El audífono amplifica: sube el volumen para que un oído dañado pueda recoger el sonido. El implante no amplifica nada: convierte el sonido en impulsos eléctricos y se los entrega directamente al nervio auditivo, saltándose la parte del oído que ya no funciona. Lo tienes comparado en detalle en audífono frente a implante coclear.

Yo llevé audífonos durante media vida, mientras mi pérdida iba a más. Cuando llegué a la cofosis ya no quedaba nada que amplificar, y a los 40 me implanté. Hoy llevo implante en los dos oídos.

Primero, qué es lo que falla en el oído

Para entender qué hace el implante hay que saber qué sustituye. Dentro de la cóclea, un tubo enrollado como un caracol, hay miles de células ciliadas que convierten la vibración del sonido en señales para el nervio auditivo. Están ordenadas por tonos: las de la entrada de la cóclea responden a los agudos y las del fondo, a los graves.

En la hipoacusia neurosensorial severa o profunda, muchas de esas células están dañadas o ya no existen. El sonido llega a la cóclea, pero no hay quien lo traduzca, y el nervio, que en la mayoría de los casos sigue en buen estado, se queda sin señal. El implante hace ese trabajo de traducción por su cuenta.

Las partes del implante coclear

Por fuera: el procesador de sonido

  • Micrófonos. Recogen el sonido de alrededor. Suele haber más de uno, para poder dar prioridad a lo que llega de delante.
  • Procesador. Es el ordenador del sistema. Divide el sonido en bandas de frecuencia y decide cuánta corriente le toca a cada electrodo en cada instante.
  • Batería. Pilas o batería recargable. Alimenta el procesador y también la parte interna.
  • Antena o bobina. Un disco que se sujeta a la cabeza con un imán, justo encima del implante. Le pasa la información y la energía a través de la piel, por radiofrecuencia, sin cables que atraviesen nada.

El procesador puede ir detrás de la oreja, como un audífono grande, o en una sola pieza pegada a la cabeza. Los modelos y las marcas los tienes en tipos de implante coclear.

Por dentro: el implante

  • Receptor-estimulador. Va debajo de la piel, apoyado en el hueso detrás de la oreja. Recibe lo que manda la antena y lo convierte en impulsos eléctricos.
  • Guía de electrodos. Un hilo fino y flexible que el cirujano introduce dentro de la cóclea. A lo largo de él hay entre una y dos decenas de electrodos, según el fabricante.

La parte interna no lleva pila: sin el procesador puesto, no hace nada. Por eso un usuario de implante, cuando se lo quita para dormir o para ducharse, vuelve a no oír. La excepción es el TICI UNICO, que lleva todo dentro.

Cómo funciona, paso a paso

  1. El micrófono capta el sonido, por ejemplo una voz que te dice «vamos a tomar café».
  2. El procesador lo analiza: lo parte en bandas, de las más graves a las más agudas, y mide cuánta energía hay en cada una.
  3. Lo convierte en un código de impulsos eléctricos: qué electrodo, cuándo y con qué intensidad. Cada marca tiene sus estrategias de codificación, pero la idea es la misma.
  4. La antena lo transmite a través de la piel hasta el receptor, junto con la energía para que funcione.
  5. Los electrodos estimulan el nervio auditivo dentro de la cóclea, cada uno en su zona.
  6. El cerebro recibe la señal y la interpreta como sonido. Este último paso es el que no hace el aparato: lo tiene que aprender la persona.

Todo esto ocurre de forma continua y sin retraso apreciable. No hay que hacer nada para que funcione, salvo llevarlo puesto y con batería.

Esquema del camino del sonido en un implante coclear: micrófono, procesador y antena por fuera; receptor y electrodos bajo la piel; y el cerebro, que aprende a leer la señal.

Los electrodos funcionan como las teclas de un piano

El implante aprovecha el orden por tonos que tiene la cóclea. Los electrodos de la entrada llevan los agudos (la «s», la «f», el canto de un pájaro) y los del fondo, los graves (la voz de un hombre, un motor). Cuando el procesador detecta energía en una banda, enciende el electrodo que le corresponde, y el cerebro lo percibe como un tono más alto o más bajo según dónde esté.

En el reproductor de aquí abajo puedes verlo: al escuchar la frase, se encienden los electrodos de la espiral según los sonidos que va teniendo. Los de fuera son los agudos y los del centro, los graves.

Por qué 22 electrodos no son 22 canales

Sería lógico pensar que, cuantos más electrodos, más detalle. Pero la corriente de cada electrodo no se queda quieta en su sitio: se extiende por el líquido de la cóclea y pisa la zona de sus vecinos. Dos electrodos muy juntos acaban estimulando casi las mismas fibras del nervio.

El resultado es que, aunque el aparato tenga una veintena de electrodos, la mayoría de usuarios deja de entender mejor a partir de unos 8 canales distintos (Friesen y colaboradores, 2001). Eso no quiere decir que sobren electrodos, pero sí que el número que pone el folleto no es el que llega al cerebro. Lo explico con más calma en qué son los canales de un implante coclear.

Por qué al principio suena tan raro

Con todo lo anterior se entiende por qué el encendido no se parece a «oír como antes». Hay dos motivos principales:

  • La señal tiene mucho menos detalle que la de un oído sano. Unos pocos canales para todo el habla, y casi nada del tono fino. De ahí que las voces suenen metálicas o robóticas y que la música cueste tanto.
  • Los sonidos llegan a un sitio que no es el suyo. La guía de electrodos casi nunca llega hasta el fondo de la cóclea, así que los graves se entregan en una zona que el oído asociaba a tonos más agudos (Landsberger y colaboradores, 2015). Por eso mucha gente oye al principio las voces agudas, como de dibujos animados.

Las dos cosas mejoran con el tiempo, porque el cerebro se adapta a la señal nueva. A mí el encendido me sonó a pitidos y ruidos que mi cerebro no conocía, y muy bajito. Tardé meses, no días, en entender una frase sin mirar la cara de quien me hablaba. Lo cuento entero en cómo se escucha con un implante coclear.

La programación: el mapa de cada electrodo

El implante no se enciende el día de la operación, sino unas semanas después, cuando la herida ha curado. En esa primera cita, el audiólogo o el audioprotesista ajusta cada electrodo por separado: el nivel mínimo con el que empiezas a notar algo y el máximo que resulta cómodo. Ese conjunto de ajustes se llama mapa, y se guarda en el procesador.

El primer año hay varias revisiones, porque a medida que el cerebro se acostumbra, el mapa se va subiendo y afinando. Si quieres saber qué pasa en esas citas y qué conviene preguntar, lo tienes en cómo es una cita de ajuste.

Lo que el implante no hace

  • No devuelve la audición normal. Da una representación útil del sonido, que con práctica permite entender el habla, pero es distinta de oír con un oído sano.
  • No funciona igual en todo el mundo. Influyen el tiempo que se ha pasado sin oír, el estado del nervio, cómo quedó colocada la guía y, mucho, el entrenamiento posterior.
  • No hace el último paso. El aparato entrega la señal; entenderla es trabajo del cerebro, y ese trabajo se entrena. Por eso, después del implante viene la rehabilitación auditiva, y por eso existe RehabAuditiva.

Referencias

  • National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD). Cochlear Implants.
  • Friesen, L. M., Shannon, R. V., Başkent, D. y Wang, X. (2001). Speech recognition in noise as a function of the number of spectral channels: comparison of acoustic hearing and cochlear implants. Journal of the Acoustical Society of America, 110(2), 1150-1163.
  • Landsberger, D. M., Svrakic, M., Roland, J. T. y Svirsky, M. (2015). The relationship between insertion angles, default frequency allocations, and spiral ganglion place pitch in cochlear implants. Ear and Hearing, 36(5), e207-e213.
  • Wilson, B. S. y Dorman, M. F. (2008). Cochlear implants: a remarkable past and a brilliant future. Hearing Research, 242(1-2), 3-21.

Para saber más

Pasar a la práctica

El aparato pone la señal. Entenderla se entrena.

Entrena es la plataforma de entrenamiento auditivo de RehabAuditiva: cursos guiados y sesiones cortas, desde palabras sueltas hasta situaciones reales. Gratis y sin instalar nada.

Empezar a entrenar gratis