Guía de los audífonos

Qué es un audífono, sus partes y cómo funciona

Un audífono no sube todos los sonidos por igual: da más volumen a los tonos que peor oyes y comprime los fuertes para que nada moleste. Qué partes tiene, qué hace cada una y por qué oír no siempre es entender.

Qué es un audífono

Un audífono es un aparato electrónico pequeño, que se lleva detrás o dentro de la oreja, y que hace los sonidos más fuertes para que un oído con pérdida auditiva pueda recogerlos. Es la primera opción para la mayoría de las pérdidas, de leves a severas, y para muchas profundas.

Su idea de fondo es sencilla: amplificar. El audífono no sustituye a ninguna parte del oído. Le entrega el sonido más fuerte y moldeado a la medida de tu pérdida, y las células de la cóclea que siguen funcionando hacen el resto. Esa es la gran diferencia con un implante coclear, que sí se salta la parte dañada: lo explico en cómo funciona un implante coclear.

Yo llevé audífonos durante la mayor parte de mi vida, mientras mi pérdida iba a más. Cuando llegué a la cofosis ya no quedaba nada que amplificar, y a los 40 me implanté. Lo que cuento aquí de cómo funcionan los aparatos de hoy lo cuento desde las fuentes.

Las partes de un audífono

Las que hacen el trabajo

  • Micrófono. Recoge el sonido y lo convierte en una señal eléctrica. Muchos llevan dos, para poder centrarse en lo que llega de delante.
  • Procesador. Un chip que trata esa señal: decide cuánto subir cada tono, cuánto comprimir, qué ruido rebajar y cuándo cortar un pitido.
  • Auricular. El nombre técnico del altavoz diminuto que devuelve el sonido al oído. Según el modelo, va dentro de la carcasa, detrás de la oreja, o metido en el propio conducto.
  • Pila o batería. Pilas de botón que se cambian cada pocos días, o batería recargable que se carga cada noche.

Las que lo adaptan a tu oído

  • Molde o cúpula. La pieza que entra en el conducto. El molde se hace a medida con una impresión de tu oreja; la cúpula es una pieza blanda estándar. Cuanto más cerrada, más potencia sin pitidos, pero más sensación de oído tapado.
  • Tubo o cable. Une la parte de detrás de la oreja con la del conducto: un tubo de plástico si el auricular va arriba, un cable fino si va dentro del oído.

Los formatos y sus siglas (BTE, RIC, ITE, CIC…) los tienes en tipos de audífonos.

Las que no lleva siempre

  • Bobina inductiva (la posición «T»). Capta directamente la señal de los bucles magnéticos que hay en algunos teatros, iglesias y ventanillas, sin el ruido de la sala.
  • Conexión inalámbrica. Bluetooth para el móvil y la tele, y comunicación entre los dos audífonos para que trabajen a la vez. Lo que hay de cierto en esto lo cuento en audífonos recargables, invisibles y con Bluetooth.
  • Programas. Ajustes distintos para situaciones distintas (tranquilo, restaurante, música), que se cambian con un botón o desde el móvil.

Cómo funciona, paso a paso

  1. El micrófono capta el sonido y lo convierte en una señal eléctrica.
  2. El procesador lo digitaliza y lo divide en bandas, de los tonos graves a los agudos.
  3. A cada banda le da la ganancia que marca tu audiograma. Más volumen en los tonos que peor oyes, que casi siempre son los agudos, y poco o nada donde oyes bien.
  4. Comprime: sube mucho los sonidos suaves y poco los fuertes, para que todo quepa en lo que tu oído puede usar.
  5. Limpia lo que puede: rebaja el ruido constante, se centra en lo que llega de delante y corta los pitidos antes de que se oigan.
  6. El auricular devuelve el sonido al oído, y las células ciliadas que te quedan lo convierten en señal para el nervio auditivo.

Todo esto pasa en unas milésimas de segundo, sin que se note retraso.

Esquema del camino del sonido en un audífono: micrófono, procesador y auricular; después la cóclea con las células que quedan y el cerebro. Si quedan pocas células, subir el volumen no basta.

Por qué un audífono no sube todo por igual

Si un audífono subiera todos los sonidos lo mismo, oirías los susurros, pero un portazo o un plato que cae serían insoportables. El motivo es que, en la pérdida neurosensorial, el umbral a partir del cual oyes sube mucho, pero el nivel a partir del cual un sonido molesta apenas cambia. Entre «no lo oigo» y «me molesta» queda un margen mucho más estrecho que en un oído sano (Moore, 1996).

La solución es la compresión: el audífono sube mucho lo suave, algo lo intermedio y casi nada lo fuerte. Así todo cabe en ese margen. Tiene un precio: el sonido queda algo menos natural, como más «aplastado», y es una de las razones por las que los primeros días suenan raros. Qué es normal en esa fase y cuánto dura lo cuento en no me acostumbro a los audífonos.

Gráfico ilustrativo: subir todos los sonidos por igual hace que los fuertes molesten; con compresión, lo suave sube mucho y lo fuerte poco, y todo cabe en el margen útil del oído.

El ajuste: tu audiograma convertido en un programa

Ningún audífono viene listo de fábrica. El audioprotesista parte de tu audiograma y el programa de ajuste calcula, con una fórmula de prescripción (las más usadas son NAL-NL2 y DSL), cuánta ganancia necesita cada tono para que el habla te llegue audible y cómoda (Keidser y colaboradores, 2011). Es un punto de partida, no el ajuste final.

Después viene la parte que depende de ti: contar qué suena mal, en qué sitios y con quién. Lo ideal es comprobar además, con una sonda dentro del oído, que lo que llega de verdad se parece a lo que la fórmula pide. Para llevar esas citas preparadas tienes qué apuntar antes de revisar tus audífonos.

Por qué oír no siempre es entender

Esta es la parte que menos se explica en la tienda. Una cóclea dañada no solo oye más bajo: también distingue peor los tonos que están cerca y los cambios rápidos del sonido (Moore, 1996). El audífono puede devolver el volumen, pero no esa nitidez que se ha perdido dentro del oído.

Por eso tanta gente dice lo mismo con los audífonos puestos: «oigo, pero no entiendo». Por eso cuesta tanto el ruido de fondo, y por eso hay consonantes que siguen pareciéndose entre sí aunque suenen fuertes. Lo tienes desarrollado en oigo pero no entiendo y, con dibujo, en la banana del habla.

Dos cosas ayudan con esa parte. Una es el tiempo: el cerebro se reacostumbra a los sonidos que llevaba años sin recibir. La otra es el entrenamiento: practicar a distinguir palabras parecidas y a seguir el habla con ruido. Cuando ni con el mejor ajuste queda suficiente cóclea para entender, la siguiente opción es el implante; cuándo pasa eso lo explico en audífonos según el grado de pérdida.

Lo que el audífono no hace

  • No devuelve la audición normal. Devuelve sonidos que no oías, a un volumen útil, pero a través de un oído que sigue teniendo su pérdida.
  • No funciona en el cajón. El oído y el cerebro se acostumbran llevándolo puesto todos los días, no a ratos. Si te cuesta, hay ejercicios para acostumbrarte a los audífonos.
  • No se ajusta una vez para siempre. La pérdida cambia, tu oído se adapta y las necesidades también: las revisiones forman parte del tratamiento.

Referencias

  • National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD). Hearing Aids.
  • Moore, B. C. J. (1996). Perceptual consequences of cochlear hearing loss and their implications for the design of hearing aids. Ear and Hearing, 17(2), 133-161.
  • Keidser, G., Dillon, H., Flax, M., Ching, T. y Brewer, S. (2011). The NAL-NL2 prescription procedure. Audiology Research, 1(1), e24.
  • Dillon, H. (2012). Hearing Aids (2.ª ed.). Boomerang Press / Thieme.

Para saber más

Pasar a la práctica

El aparato pone la señal. Entenderla se entrena.

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