Historia del implante coclear: de un experimento imposible a devolver el oído

Del primer chispazo eléctrico del siglo XVIII a los implantes multicanal de hoy. La historia del implante coclear es la de una idea que parecía imposible: saltarse el oído dañado y hablarle directamente al cerebro.

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Implante Coclear
Historia del implante coclear: de un experimento imposible a devolver el oído

A finales del siglo XVIII, el físico italiano Alessandro Volta hizo un experimento tan temerario como revelador: conectó una pila a dos varillas metálicas, se las acercó a los oídos y sintió un ruido, como el de un líquido en ebullición. Fue la primera pista de que la electricidad podía provocar una sensación de sonido. Tardaríamos más de siglo y medio en convertir esa chispa en un dispositivo capaz de devolver el oído.

Vídeo: Historia del implante coclear

Las primeras chispas (1957)

El verdadero punto de partida llegó en 1957, en París. Dos médicos, André Djourno y Charles Eyriès, estimularon por primera vez el nervio auditivo de una persona sorda con electricidad. Su dispositivo era rudimentario y de un solo canal, y el paciente apenas distinguía ritmos y algún sonido, pero demostró algo revolucionario: se podía saltar el oído dañado y hablarle directamente al nervio.

Los pioneros clínicos (años 60)

En 1961, en Los Ángeles, el otólogo William House dio el siguiente gran paso al implantar sus primeros dispositivos en humanos; a él se le considera uno de los padres del implante coclear clínico. En 1964, en Stanford, Blair Simmons implantó un electrodo en la cóclea de un paciente. Eran aún implantes de un solo canal: útiles para percibir la presencia del sonido, pero no para entender palabras.

La revolución multicanal (años 70)

El salto definitivo fue pasar de un canal a muchos, para estimular distintas zonas de la cóclea y transmitir más información. Dos equipos lo lograron casi a la vez y por separado: en Austria, Ingeborg y Erwin Hochmair implantaron su dispositivo en diciembre de 1977 —el germen de MED-EL—, y en Australia, Graeme Clark lo consiguió en agosto de 1978, dando origen a Cochlear.

Del laboratorio a la vida real (años 80 y 90)

En 1984, la agencia estadounidense FDA aprobó el primer implante coclear para adultos, de un solo canal. Un año después, en 1985, el sistema multicanal Nucleus de Cochlear se convirtió en el primero de su tipo en recibir esa aprobación, y hacia 1990 se autorizó también para niños. En 1993 nacía Advanced Bionics, que empujaría aún más la carrera tecnológica del sonido.

El implante coclear hoy

Desde entonces, la tecnología no ha parado: implantes bilaterales para oír en estéreo, soluciones que combinan estimulación eléctrica y acústica para quienes conservan restos de audición, y un procesamiento cada vez mejor de la voz en ambientes ruidosos. Hoy cientos de miles de personas en todo el mundo escuchan gracias a un implante coclear.

Pero hay algo que ninguna de estas innovaciones cambia: el implante devuelve el acceso al sonido, no la comprensión automática. El cerebro tiene que reaprender a interpretar esas señales nuevas, y ese aprendizaje es la rehabilitación auditiva. La tecnología abre la puerta; el entrenamiento es lo que te hace cruzarla.

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